domingo, 28 de octubre de 2012

Frankenweenie, unos dibujos para mayores


Tres semanas antes de la víspera de Halloween Disney ha estrenado en los cines un largometraje de Tim Burton que en 1984 ya fue eliminado como cortometraje debido a que el estudio lo consideró demasiado terrorífico para los menores. En 2007 la mayor compañía de medio de comunicación y entretenimiento del mundo contrató de nuevo al director de Eduardo Manostijeras para que está vez realizara un remake del cortometraje pero como largometraje.

Frankenweenie es hasta el momento la ultima película de animación del director y productor californiano. En esta ocasión ha decidido realizarla con el stop motion, una técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos por medio de una serie de imágenes fijas sucesivas. El film es una parodia de la novela Frankenstein de Mary Shelley al más puro estilo Burton. Las características físicas de los protagonistas son extremas como por ejemplo que son muy esbeltos (Víctor Frankenstein), muy altos (Mr. Rzykruski, profesor de ciencia), muy gordos (Bob, compañero de clase de Víctor), etc.; casi todos sus personajes se caracterizan por tener enormes ojeras;  su personaje principal se llama Víctor; y emplea una gama de color de tipo siniestra usando colores negros, grises y blancos. Por último, incluye un perro muerto debido a que los chuchos son sus animales favoritos y para él la amistad entre hombre y can adquiere un carácter simbólico.

Disney estaba en lo cierto en que la película no era para niños, pero no por ser terrorífica, ni mucho menos, sino porque pequeños de la casa no son capaces de apreciar el cine de Burton ni los parentescos con la obra de Mary Shelley. No comprenden porque el protagonista se apellida Frankenstein ni como a partir de un cuerpo en el que el corazón ya no late crea vida. No entienden el motivo por el cual Víctor trae de nuevo a la vida a su perro Sparky. No ven la semejanza entre Edgar, el compañero de clase del principal personaje con Igor, el ayudante jorobado del Dr. Frankenstein que aparece en varias películas de dicho personaje llevadas a cabo partiendo de la idea de la novela de Mary Shelley. Es una obra realmente emotiva con rasgos góticos en la que los niños no ven más que dibujitos.

Dentro de 20 años, cuando estos ‘peques’ que tanto hablaban en la sala del cine vuelvan a ver a Sparky se darán cuenta de aquello que no apreciaron la primera vez, y terminarán con los ojos nublados por las lágrimas al darse cuenta de lo que es perder a tu mejor amigo.

Las películas de dibujos animados no son solo para niños, y Burton lo ha demostrado.   


María Abadía Lozano

La música se vuelve ruido en Madrid




La contaminación acústica es conocida como el exceso de sonido que altera las condiciones normales del ambiente de una zona. Actualmente, el tráfico representa casi la mitad del ruido que se genera en las ciudades españolas y las obras públicas pueden llegar a alcanzar 130 decibelios (el umbral del dolor, según la OMS, se encuentra en 140).

Con la exposición continuada a la contaminación sonora se corre el riesgo de una gran disminución en la capacidad auditiva e incluso de trastornos, tanto psicológicos como fisiológicos. Sin embargo, ahora Ana Botella ni ha decidido ni ha llegado a plantearse un programa de fomento del transporte público ni una reducción de las obras en el centro de Madrid. Lo que la alcaldesa ha notificado como elemento perturbador del descanso público son esos músicos, profesionales o amateurs, que se pasean por las calles de la capital con la desfachatez de compartir su música con los transeúntes.

Desde este miércoles ha entrado en vigor la normativa, que ya se planteó en 2011 con el nombre de "Ordenanza del Ruido", desde la Concejalía de Medio Ambiente. Ahora esta ley se ha sacado de la manga una "Zona de Protección Acústica Especial", donde los músicos callejeros ya no podrán tocar por el centro de Madrid de no disponer de un permiso previo. De esta manera, la alcaldía de la capital despoja a sus calles de un vestigio de cultura gratuita que había escapado de la subida del IVA, la cual ya ha provocado pérdidas en el sector del 20%. Se ha intentado comparar esta nueva medida con la aplicada en las grandes ciudades, donde los músicos callejeros tienen un trabajo reconocido. Claro que ahora está en manos de la Junta Municipal decidir quién se queda y quién perturba la salud pública.

El vicealcalde de Madrid, Miguel Ángel Villanueva, no se ha cansado de hacer hincapié en que "hay calles del centro donde los vecinos soportan un nivel de contaminación muy superior al que se debe permitir." Quizá crea entonces que a los músicos autorizados se les va a proporcionar un silenciador. También es curioso el despropósito de decibelios que debe de tener una guitarra acústica según el señor Villanueva.

Es obvio que todo el mundo tiene derecho al descanso. Y es por eso que actualmente ya hay normas que regulan el nivel de decibelios permitidos a ciertas horas de la noche. Además, tampoco están ya autorizados ni amplificadores ni instrumentos de percusión a la hora de tocar música en la calle. Regular la música callejera podría ser una buena iniciativa si se hiciera de una forma en la que la manifestación de la cultura y la dignidad del músico estuvieran por encima de la prohibición y las multas, y con argumentos y razones coherentes.

Pongamos a un taladrador de una obra y a un chaval tocando la guitarra sin licencia en la calle de al lado y con la nueva normativa veríamos a quién le confiscan el instrumento con una multa de 750 euros por contaminación acústica. Y sin embargo, Ana Botella no cesa en su empeño de querer hacer un favor a los ciudadanos con el llamado "derecho al descanso". Eso sí, reiterándose en todo momento en que "no se trata de recaudar". 

Paula Cantó Montal

viernes, 19 de octubre de 2012

Sentimiento dentro y fuera de la pantalla


"Voy a encontrarlos, te lo prometo." Uno de los fragmentos estrella del tráiler de Lo imposible son estas entrecortadas palabras que marcan el inicio de una incansable búsqueda en la que se instaura la regla del todo o nada. Una carrera a contrarreloj donde la naturaleza es el peor rival.

Desde el día 11 se proyecta en cines la película que ha conseguido que los espectadores se sumerjan por completo en una conmovedora historia real entre sollozos y crujidos de palomitas. El corazón en un puño y un arsenal de pañuelos listo para usar fueron los compañeros de un público sobrecogido en el asiento durante casi dos horas, en las que resurgieron las heridas cicatrizadas desde que el tsunami arrasara las costas tailandesas en 2004.

Con 30 millones de euros de presupuesto, Bayona ha creado una obra que ha endulzado el corazón hasta del crítico más ácido y ha derretido hasta al más escéptico de los espectadores. Brillantes y emotivas actuaciones del reparto principal, intérprete de un dolor en carne viva, con la angustia más insoportable personificada en Naomi Watts y el joven Tom Holland, acompañados por un soberbio Ewan McGregor rasgándose la voz en la soledad de una playa destrozada. Es posible que salgas del cine twitteando el abuso de la melodramática banda sonora en las escenas más emotivas, pero eso sí, lo harás con la nariz goteando.

El tan anunciado estreno ha servido para recordar uno de los desastres más colosales de los últimos tiempos de la mano de una familia que logró sobrevivir a la inclemencias de la naturaleza. Lo imposible ha conseguido acercar a todo el mundo las consecuencias que la mayoría no se llegaron a imaginar en su totalidad cuando, en su momento, recibieron la noticia a través de la pequeña pantalla del salón de su casa.

Agobiantes planos subjetivos y panorámicas impresionantes son algunas de las perlas que nos deja esta película más allá de la dimensión emotiva. Espléndida realización técnica para trasladar a la gran pantalla un pedazo del sufrimiento del sudeste asiático, ocho años atrás.


Paula Cantó Montal

lunes, 15 de octubre de 2012

El imaginario dualista de Andy Warhol trae a Valencia el pop art



Si en plenos 60 se le hubiera ocurrido diseñar un paraguas de celofán de tres metros o un impermeable con escafandra y lo hubiéramos podido tomar prestado de la exposición, probablemente la noche del 28 de septiembre no habría sido una velada tan pasada por agua. No hablamos de otro que del gran Andy Warhol, aquel hombre de negro que según Men in Black III se relacionaba con la élite del momento. A partir de las ocho de la tarde jóvenes y mayores, trajeados o de casual, empapados por la lluvia o secos gracias a la protección de los paraguas, disfrutaron de la compañía del gran maestro reflejada en sus 63 serigrafías.

Con una foto del artista y algunas de sus frases más provocativas coronando cada una de las paredes de la Sala Picasso del Centro Cultural Bancaja se inauguraba la exposición Andy Warhol Superstar, cuyo nombre hace honor a las personalidades emergentes de los 60 que se cocían en la Silver Factory de Nueva York, donde el dinero, la droga y todo tipo de actuaciones artísticas tenían lugar en la época en la que nació el derecho a los famosos quince minutos de fama.

Entre sopas Campbell y coloreadas serigrafías de Marilyn Monroe emerge una recopilación de obras con gusto americano, recreaciones sumergidas en color de pinturas como El nacimiento de Venus de Botticelli y El Grito de Munch o retratos de personajes como Michael Jackson, Einstein o Muhammed Alí. Frente a ellos, círculos de seguidores de Andy Warhol, tanto jóvenes como wannabes maduros con espíritu bohemio y coletas canosas a los que no solo les interesa sus serigrafías sino también su filosofía. Además, se paseaba por allí algún que otro fotógrafo con un flash más grande que los focos del Bernabéu.

Aun a pesar de ser un gran acontecimiento muy esperado, algunos de sus fans se quedaron con ganas de ver más y salieron de la exposición echando en falta un poco de “carne”. Quizá eso fue debido a que el punto fuerte fueron versiones garabateadas de una Marilyn original que brillaba por su ausencia y latas de Campbell de queso cheddar y vegetales que ocuparon el lugar de la sopa de tomate original. Es posible que estas obras no dejaran sitio a otros vistosos productos de Warhol. Una exposición centrada en la pintura que ignoró otros campos del polivalente artista que también dejó su huella con diseños de portadas de cds de algunos de los más grandes grupos de rock de los 60, pasando por fotografías de las personalidades más importantes de la época o incluso en el mundo cinematográfico.

Por otra parte, el universo del irreverente y excéntrico artista amante del dinero y el consumismo, del “plástico” de Los Ángeles y espejo de la actitud y cultura de una sociedad que tardó en acogerle se concentra en una exposición que pretendía mostrar las dualidades del neoyorquino. Aun así parece que no consiguió expresar esa doble cara que poseía Warhol, la del consumismo y la publicidad, y por otro lado, la del drama y la melancolía. Es posible que esta última cara se viera más reflejada gracias a sus obras dedicadas a la muerte, como la serie de la silla eléctrica y el lienzo del suicidio.

Como punto fuerte cabe destacar la recreación de The Factory por su innovación y la oportunidad de la interacción del público en la exposición. Sin embargo con los datos aportados en el pequeño cartel adyacente al sofá y las cambiantes imágenes de Nico o Bob Dylan en la pantalla, aquellos que no estuvieran al corriente de los ambientes en los que se movía Warhol poco podrían deducir sobre lo que era The Factory y el verdadero hervidero de arte y fama que constituyó en el Nueva York de los 60-70, donde se daban cita celebridades, artistas y modelos y donde él daba vida a sus creaciones en el llamado taller plateado.

La reproducción constaba de una pantalla frente a un sofá rojo que sirvió de oasis para señoras con juanetes y “una especie de sobrero mejicano hecho de papel de aluminio tirado en el suelo” que formaba parte de la escenografía. Acertado el intento, aunque escaso de información y glamour warholiano.  

Más allá de las paredes de la galería, esta exposición ha sacado a relucir el polémico tema que ha ido rondando tanto al precursor del pop art como a todos los artistas que innovaron de forma radical en su tiempo. Mucho se ha criticado al neoyorquino por su pasión por el consumismo, su ambición por el dinero y las ansias de poder presumir de él. El hecho de colgar un cuadro con el símbolo del dólar para que todo el mundo pueda apreciar que lo importante esta vez no es su arte, sino su precio, ha sido tema de discusión desde que Andy Warhol asomó la cabeza por primera vez en el mundo artístico.

Sin embargo, no hay que olvidar que el representante del pop art fue capaz de convertir un objeto banal como una sopa corriente o un simple plátano en una obra de arte representativa de una época, al estilo del retrete de Duchamp. Fue el espejo del nuevo modelo de fama que nacía después del auge que experimentó la música en aquellos últimos años y del nuevo concepto de estrella que había nacido. En aquella época, las personalidades más groovies e influyentes querían bañarse en el lujo y codearse con artistas que tuvieran en común su nueva visión del mundo. Warhol supo captar y espolvorear en sus lienzos toda aquella visión.

Aunque la exposición se mantiene constante en el horizonte entre el exhuberancia y la escasez, Andy Warhol Superstar presenta una oportunidad única que nadie debería desaprovechar para conmemorar además el 50 aniversario de su primera muestra en una galería.

            Un colorido viaje en el tiempo para convertirse en una superestrella en el excéntrico mundo de Warhol.


María Abadía y Paula Cantó