“En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un
agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni
tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que
comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.” De esta manera
empieza el capítulo uno, Una tertulia
inesperada, de la novela fantástica del escritor británico J. R. R.
Tolkien. En un principio solo era un mero entretenimiento para divertir a sus
pequeñuelos, pero la Editorial George Allen & Unwin compró el manuscrito y
lo publicó en 1937. Debido al gran éxito que obtuvo la novela que explora el
mundo mitológico, los editores le pidieron a Tolkien una continuación, naciendo
así El Señor de los Anillos.
La mayoría de la gente está más familiarizada con El Señor de los Anillos debido a la
trilogía que llevo a la gran pantalla el cineasta Peter Jackson. Niños y
adultos disfrutaron de la saga comiendo palomitas, y entablando simpatía por el
hobbit Pippin; explorando el
significado del coraje y la valentía de la mano del hombre enamorado de una
elfa, Aragorn, del enano gruñón, Gimli, y del elfo invencible con el
arco, Legolas; descubriendo lo fácil
que se puede corromper alguien, tal como le ocurre a Saruman; hallando la
fuerza que posee la magia blanca en el personaje de Gandalf; y atrapándose en el verdadero significado de la amistad
reflejado entre los hobbits Sam y Frodo.
Todo ello no hubiese sido posible sin los orígenes, por
eso Jackson ha regresado a Nueva Zelanda para grabar El Hobbit. Algunos de los actores que aparecían en el reparto de El Señor de los Anillos has repetido
para esta nueva trilogía, pero lo más destacable es el protagonista que va a
encarnar a Bilbo Bolsón, Martin
Freeman, ganador de un premio BAFTA por su papel de Dr. Watson en la serie Sherlock.
Según Peter Jackson, Freeman es un "actor
dramático fantástico" que de una misma escena podía rodar "seis o siete tomas, cada una diferente
y todas fantásticas". Pero no solo la actuación de este brillante actor
británico es un aspecto a destacar, sino también el hecho de que el film ha
sido grabado en 48 fotogramas por segundo, el doble de lo habitual. Con ello
pretender revolucionar la realidad, abrir un agujero negro en la pantalla que pueda ser atravesado por el espectador y
mirar un mundo real. Además no solo ha aumentado el número de fotogramas, sino
que los ha combinado con tecnología 3D, haciendo así las imágenes más suaves y
cómodas para el ojo humano.
Con estos cambios el director quiere
combatir con la variedad de dispositivos reproductores, desde los tablets hasta
los smartphones, y conseguir darles razones para que los niños hagan un viaje
hasta la sala de cine para ver su película. Está claro que con estos cambios la
gente irá a gastar su dinero en un buen bol de palomitas con refresco gigante
para poder disfrutar de la película en cualquier sala de cine que la proyecte,
pero la cuestión es: ¿será el ojo humano capaz de apreciar los 48 fotogramas? Lo
habitual son los 24 fotogramas porque el ojo humano no es capaz de distinguir
más. Quizá Peter Jackson habrá conseguido hacer algo revolucionario que
deslumbre a sus espectadores, o por el contrario, un completo fiasco que en vez
de despertar de emoción a sus fans, acabe durmiéndolos en las cómodas butacas
de la sala. Pero para descubrir cual de las dos opciones es la correcta, habrá
que esperar dos semanas, a no ser que viajemos a Wellington, Nueva Zelanda.
Hasta entonces, a esperar a lo inesperado.
María Abadía Lozano
María Abadía Lozano

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