¿Quién dijo que el rock and roll había
muerto? La pulsión de The Jim Jones Revue destila desde el escenario una
incandescencia digna de Chuck Berry, y la virulenta llamarada del espíritu de
la nombrada "música del diablo" revive en las noches en que deciden
sacar sus armas de guerra.
Enraizados en el rock and roll más primitivo
que rebozan en crudos tintes garage, su puesta en escena rememora aquellos
tiempos en los que Little Richard o Muddy Waters escandalizaban a su audiencia
con sonidos eléctricos desguazados en actuaciones agresivas. Jim Jones y su
banda rescatan la esencia de la música negra americana de los 50 y nos deleitan
con conciertos propios de la era en la que este género aún se encontraba en
estado de ebullición.
Sin embargo, más allá de hundirse en el
sonido arcaico del rock primigenio, el conjunto londinense explora sus propios
límites y los sobrepasa con un sonido vibrante y violento, con un rejuvenecedor
toque propio. Es lo que hace a The Jim Jones Revue un grupo imprescindible para
aquellos que viven en una época que no les pertenece.
El nuevo teclista Henry Herbert, que
sustituye a Elliot Mortimer, ha conseguido que el sonido del piano vuelva al
rock and roll actual, en una retrospectiva de sonidos fifties y recreando la escena musical originaria de Nueva Orleans.
El repertorio esquizofrénico del grupo se escenifica en un espectáculo visceral
de sonidos en carne viva. El caos melódico de su nuevo disco, The Savage Heart.
Los violentos
espasmos al rasgueo de las seis cuerdas completan la orgía de sonidos que se
dieron cita el día 21 en la valenciana Sala Wah Wah, entre riffs y punteos
chispeantes. Desde el primer momento, el quinteto se hace con el escenario con
una voracidad huracanada y su desgarbada actitud se contagia en una mezcolanza
de unos primeros temas oscuros y varios bombazos del nuevo disco. Con la noche
recién empezada, se encargan de caldear el ambiente de una sala que,
lamentablemente, no completó su aforo máximo.
La audiencia
llega al culmen con la coreada Elemental
y la conexión con la febril multitud se estrecha a medida que van pasando
minutos y grasientos temas de rock espeso. Mientras, Jim
Jones, pelo revuelto y guitarra a cuestas, se encarama a los amplificadores y
se reclina con el micro sobre un público que se redime ante la presencia encarnada del rock and roll más
impulsivo. Su aroma
rockabilly y porte desafiante lidera a una audiencia ansiosa por más tras cada
canción y difícil de saciar por completo después de que la banda se baje del
escenario. Puliendo el concierto con temas como Rock n Roll Psychosis, Cement
Mixer, Eagle Eye Ball o Shoot First, regresan a la escena, su hábitat
natural, para unos vitoreados bises, y poco después es fácil verles recostados
tranquilamente en la barra entre algunos de los afortunados que hemos
presenciado su arrolladora actuación en directo.
La esencia indomable, agresiva e irresistible
es lo que distingue a The Jim Jones Revue en el panorama musical actual. Son
los predicadores del sonido imperecedero del rock and roll, los discípulos de
Jerry Lee Lewis que reclaman la resurrección de lo que antaño fue, y sigue
siendo, un estilo de vida.
Paula Cantó Montal







