La contaminación acústica es conocida como el exceso de
sonido que altera las condiciones normales del ambiente de una zona.
Actualmente, el tráfico representa casi la mitad del ruido que se genera en las
ciudades españolas y las obras públicas pueden llegar a alcanzar 130 decibelios
(el umbral del dolor, según la OMS, se encuentra en 140).
Con la exposición continuada a la contaminación sonora se
corre el riesgo de una gran disminución en la capacidad auditiva e incluso de trastornos,
tanto psicológicos como fisiológicos. Sin embargo, ahora Ana Botella ni ha
decidido ni ha llegado a plantearse un programa de fomento del transporte
público ni una reducción de las obras en el centro de Madrid. Lo que la
alcaldesa ha notificado como elemento perturbador del descanso público son esos
músicos, profesionales o amateurs, que se pasean por las calles de la capital
con la desfachatez de compartir su música con los transeúntes.
Desde este miércoles ha entrado en vigor la normativa, que ya
se planteó en 2011 con el nombre de "Ordenanza del Ruido", desde la Concejalía de Medio Ambiente. Ahora esta ley se ha sacado de la manga una "Zona de
Protección Acústica Especial", donde los músicos callejeros ya no podrán
tocar por el centro de Madrid de no disponer de un permiso previo. De esta
manera, la alcaldía de la capital despoja a sus calles de un vestigio de
cultura gratuita que había escapado de la subida del IVA, la cual ya ha
provocado pérdidas en el sector del 20%. Se ha intentado comparar esta nueva
medida con la aplicada en las grandes ciudades, donde los músicos callejeros
tienen un trabajo reconocido. Claro que ahora está en manos de la Junta
Municipal decidir quién se queda y quién perturba la salud pública.
El vicealcalde de Madrid, Miguel Ángel Villanueva, no se ha
cansado de hacer hincapié en que "hay calles del centro donde los vecinos
soportan un nivel de contaminación muy superior al que se debe permitir." Quizá
crea entonces que a los músicos autorizados se les va a proporcionar un
silenciador. También es curioso el despropósito de decibelios que debe de tener
una guitarra acústica según el señor Villanueva.
Es obvio que todo el mundo tiene derecho al descanso. Y es
por eso que actualmente ya hay normas que regulan el nivel de decibelios
permitidos a ciertas horas de la noche. Además, tampoco están ya autorizados ni
amplificadores ni instrumentos de percusión a la hora de tocar música en la
calle. Regular la música callejera podría ser una buena iniciativa si se
hiciera de una forma en la que la manifestación de la cultura y la dignidad del
músico estuvieran por encima de la prohibición y las multas, y con argumentos y
razones coherentes.
Pongamos a un taladrador de
una obra y a un chaval tocando la guitarra sin licencia en la calle de al lado
y con la nueva normativa veríamos a quién le confiscan el instrumento con una
multa de 750 euros por contaminación acústica. Y sin embargo, Ana Botella no
cesa en su empeño de querer hacer un favor a los ciudadanos con el llamado
"derecho al descanso". Eso sí, reiterándose en todo momento en que
"no se trata de recaudar".
Paula Cantó Montal
Paula Cantó Montal

No hay comentarios:
Publicar un comentario