viernes, 19 de octubre de 2012

Sentimiento dentro y fuera de la pantalla


"Voy a encontrarlos, te lo prometo." Uno de los fragmentos estrella del tráiler de Lo imposible son estas entrecortadas palabras que marcan el inicio de una incansable búsqueda en la que se instaura la regla del todo o nada. Una carrera a contrarreloj donde la naturaleza es el peor rival.

Desde el día 11 se proyecta en cines la película que ha conseguido que los espectadores se sumerjan por completo en una conmovedora historia real entre sollozos y crujidos de palomitas. El corazón en un puño y un arsenal de pañuelos listo para usar fueron los compañeros de un público sobrecogido en el asiento durante casi dos horas, en las que resurgieron las heridas cicatrizadas desde que el tsunami arrasara las costas tailandesas en 2004.

Con 30 millones de euros de presupuesto, Bayona ha creado una obra que ha endulzado el corazón hasta del crítico más ácido y ha derretido hasta al más escéptico de los espectadores. Brillantes y emotivas actuaciones del reparto principal, intérprete de un dolor en carne viva, con la angustia más insoportable personificada en Naomi Watts y el joven Tom Holland, acompañados por un soberbio Ewan McGregor rasgándose la voz en la soledad de una playa destrozada. Es posible que salgas del cine twitteando el abuso de la melodramática banda sonora en las escenas más emotivas, pero eso sí, lo harás con la nariz goteando.

El tan anunciado estreno ha servido para recordar uno de los desastres más colosales de los últimos tiempos de la mano de una familia que logró sobrevivir a la inclemencias de la naturaleza. Lo imposible ha conseguido acercar a todo el mundo las consecuencias que la mayoría no se llegaron a imaginar en su totalidad cuando, en su momento, recibieron la noticia a través de la pequeña pantalla del salón de su casa.

Agobiantes planos subjetivos y panorámicas impresionantes son algunas de las perlas que nos deja esta película más allá de la dimensión emotiva. Espléndida realización técnica para trasladar a la gran pantalla un pedazo del sufrimiento del sudeste asiático, ocho años atrás.


Paula Cantó Montal

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